jueves, 14 de junio de 2012

Mártires López, un luchador de la causa aborigen y campesina


Mártires López, un luchador de la causa aborigen y campesina

Hace un año atrás, las noticias de la semana nos golpeaban profundamente al anunciarnos la muerte de Mártires López, uno de los dirigentes indígenas más respetados de la provincia del Chaco, un luchador por las reivindicaciones aborígenes y campesinas.
Mártires López murió luchando, en un dudoso accidente que le costó la vida, unos días después de firmar con el gobierno provincial un compromiso de asistencia que dieran respuestas a esas reivindicaciones.
Mártires López protagonizó reclamos históricos que tuvieron el mérito de efectuarse sin el apoyo de los partidos mayoritarios, y que se dirigieron tanto a gobiernos peronistas como a gestiones radicales. Por ello fue perseguido, pero nunca bajó los brazos, nunca traicionó sus ideales.
Luchador incansable, fue uno de los activos protagonistas que formó, junto con su organización, el Foro Nacional de la Agricultura Familiar.
Mártires López no ha muerto. Se fue a otros territorios infinitos a seguir luchando por la causa de los sectores más pobres del campo argentino. Desde la Corriente Agraria Nacional y Popular, recordamos que los militantes populares no mueren, viven en los compañeros que toman la posta y siguen la lucha por la justicia social, por el proyecto nacional y popular, por la causa de los desposeídos.
Hoy sentimos su presencia en la lucha que continuamos, y sentimos que va caminando junto al que sufre; sentimos que va caminando con el que lucha, con el que sueña con la justicia, con el amor.
A un año de su muerte, exigimos que se esclarezcan las circunstancias oscuras en las cuales murió, exigimos justicia con su memoria.
Mártires: Desde la Corriente Agraria Nacional y Popular, seguimos luchando para hacer realidad tus mismos sueños.
Compañero: Hasta la victoria, siempre.
MESA PROMOTORA
CORRIENTE AGRARIA NACIONAL Y POPULAR  - CHACO
Presidencia de la Plaza (Chaco); 14-06-12

martes, 12 de junio de 2012

Taller sobre Elaboración Artesanal de Dulces y Conservas


Taller sobre Elaboración Artesanal de Dulces y Conservas
“Hacia la construcción de normativas y políticas para la Agricultura Familiar”

Fecha: Miércoles, 4 de Julio de 2012  de 9 a 17 hs.

Lugar:             Yacarey – Departamento Itatí  - Corrientes
            Casa de María Eleuteria Gonzalez – Ruta 12 km. 1091 – A 1,5 km. Al este del Empalme.   

Participantes:  
-       Agricultores Familiares, elaboradores artesanales de dulces y conservas que estén comercializando su producción en diferentes mercados
-       Representantes de Instituciones que participan de la Mesa Regional de Alimentos u otras instituciones o legisladores nacionales, provinciales y municipales vinculadas al temática de las provincias del NEA

Organiza: Mesa Regional de Alimentos de la Agricultura Familiar del NEA

Objetivo:
-          Presentar y valorar los avances en mejora de instalaciones y BPM en agricultores familiares. 
-          Realizar propuestas para construir normativas y políticas que contemplen la elaboración artesanal de alimentos por parte de agricultores familiares de la región NEA.

Programa:

9,00 hs. Presentación del Taller y de los participantes

9,30 hs. Presentación de la Experiencia de las Ferias Itatí y Virgen de Itatí

10,30 hs. Visita a cocinas y Salas de Elaboración del Paraje
    Presentación de la tecnología – Cocina Ecológica

12,00 hs. Intercambio

13,00 hs. Almuerzo
    
14,00 hs. Panel:
o   Presentación de Propuesta de BPM para la Agricultura Familiar  elaborada desde la Mesa Regional Alimentos – Tec. Andrea Janin
o   Normativas bromatológicas vigentes  – Dra. Rosa Navarro – Directora de Bromatología de Chaco 

15,00 hs. Trabajo en grupos 
o   Aportes a normativas y políticas /  Estrategias de incidencia

16,00 hs. Puesta en Común y Evaluación Final

viernes, 8 de junio de 2012

A la izquierda de lo posible


A la izquierda de lo posible
Por Boaventura de Sousa Santos *
Históricamente, las izquierdas se dividían a partir de los modelos de socialismo y las vías para realizarlos. Al no estar el socialismo, por ahora, en la agenda política –incluso en América latina pierde aliento la discusión del “socialismo del siglo XXI”–, las izquierdas parecen dividirse a partir de los modelos de capitalismo. A primera vista, esta división tiene poco sentido pues, por un lado, en la actualidad hay un modelo global del capitalismo, de lejos hegemónico, dominado por la lógica del capital financiero, basado en la búsqueda del máximo lucro en el menor tiempo posible, cualesquiera sean los costos sociales o el grado de destrucción de la naturaleza. Por otro lado, la disputa por los modelos de capitalismo debería ser más una disputa entre las derechas que entre las izquierdas. Pero no es así. A pesar
de su globalidad, el modelo de capitalismo ahora dominante asume características distintas en diferentes países y regiones y las izquierdas tienen un interés vital en debatirlas, no sólo porque están en cuestión las condiciones de vida, aquí y ahora, de las clases populares, que son el soporte político de las izquierdas, sino también porque la lucha por horizontes poscapitalistas –a los que algunas izquierdas todavía no renunciaron– depende mucho del capitalismo real del que se parta.
Como el capitalismo es global, el análisis de los diferentes contextos debe tener en cuenta que, a pesar de sus diferencias, son parte del mismo texto. Siendo así, es perturbadora la actual disyunción entre las izquierdas europeas y las izquierdas de otros continentes, sobre todo las izquierdas latinoamericanas. Mientras las izquierdas europeas parecen estar de acuerdo en que el crecimiento es la solución para los males de Europa, las izquierdas latinoamericanas están profundamente divididas respecto del crecimiento y el modelo de desarrollo sobre el que se asienta. Veamos el contraste. Las izquierdas europeas parecen haber descubierto que la apuesta por el crecimiento económico es lo que las distingue de las derechas, que apuestan por la consolidación presupuestaria y la austeridad. El crecimiento significa empleo y éste, una mejora en las condiciones de vida de las mayorías. Sin embargo, no problematizarlo implica la idea de que cualquier crecimiento es bueno. Y eso es un pensamiento suicida para las izquierdas. Por un lado, las derechas lo aceptan fácilmente (como ya lo están aceptando, porque están convencidas de que será el crecimiento que ellas proponen el que prevalezca). Por otro lado, significa un retroceso histórico grave en relación con los avances en las luchas ecológicas de las últimas décadas, en los que algunas izquierdas tuvieron un rol determinante. O sea, se omite que el modelo de crecimiento dominante es insostenible. En pleno período preparatorio de la Conferencia de la ONU Río+20 no se habla de sustentabilidad, no se cuestiona el concepto de economía verde, aun cuando más allá del color de los dólares sea difícil imaginar un capitalismo verde.
En contraste, en América latina las izquierdas están polarizadas como nunca con respecto al modelo de crecimiento y desarrollo. La voracidad de China, el consumo digital sediento de metales raros y la especulación financiera sobre la tierra, las materias primas y los bienes alimentarios están provocando una carrera sin precedentes por los recursos naturales: la exploración y explotación megaminera a cielo abierto, la exploración petrolífera y la expansión de la frontera agrícola por el agronegocio. El crecimiento económico que propicia esta carrera choca con el aumento exponencial de la deuda socioambiental: la apropiación y la contaminación del agua, la expulsión de muchos miles de campesinos pobres y de pueblos indígenas de sus tierras ancestrales, la deforestación, la destrucción de la biodiversidad, la ruina de los modos de vida y las economías que hasta ahora garantizaron la sustentabilidad. Frente a esta contradicción, una parte de las izquierdas –que están en la coalición gobernante en varios países– apoya la oportunidad extractivista, ya que los ingresos que genera se canalizan a reducir la pobreza y construir infraestructura. Otra parte –que de un modo más o menos radical se opone las coaliciones gobernantes– ve al nuevo extractivismo como la fase más reciente de la condena colonial de América latina a ser exportadora de naturaleza para los centros imperiales que están saqueando inmensas riquezas y destruyendo los modos de vida y las culturas de los pueblos. La confrontación es tan intensa que pone en cuestión la estabilidad política de países como Bolivia o Ecuador.
El contraste entre las izquierdas europeas y latinoamericanas reside en que sólo las primeras suscribieron incondicionalmente el “pacto colonial”, según el cual los avances del capitalismo valen por sí, aunque hayan sido (y continúen siendo) obtenidos a costa de la opresión colonial de los pueblos no europeos. Nada nuevo en el frente occidental mientras sea posible la exportación de la miseria humana y la destrucción de la naturaleza.
Para superar este contraste e iniciar la construcción de alianzas transcontinentales son necesarias dos condiciones. Las izquierdas europeas deberían poner en cuestión el consenso del crecimiento, que o es falso o significa una complicidad repugnante con una injusticia histórica demasiado larga. Deberían discutir el tema de la insustentabilidad, cuestionar el mito del crecimiento infinito y la idea de la inagotable disponibilidad de la naturaleza sobre la que se asienta, asumir que los crecientes costos socioambientales del capitalismo no se pueden superar con imaginarias economías verdes, defender que la prosperidad y la felicidad de la sociedad dependen menos del crecimiento que de la justicia social y la racionalidad ambiental, tener el coraje de afirmar que la lucha por la reducción de la pobreza es una burla para encubrir la lucha que no se quiere librar contra la concentración de la riqueza.
A su vez, las izquierdas latinoamericanas deberían discutir las antinomias entre el corto y el largo plazo, tener en mente que el futuro de las rentas diferenciales generadas actualmente por la explotación de los recursos naturales está en manos de unas pocas empresas multinacionales y que, al final de este ciclo extractivista, los países pueden ser más pobres y dependientes que nunca, reconocer que el nacionalismo extractivista garantiza al Estado ingresos que pueden tener una importante utilidad social si, en parte por lo menos, son utilizados para financiar una política de transición, que debe comenzar desde ya, desde el extractivismo depredador hacia una economía plural en la que esas actividades extractivas sólo serán útiles en la medida en que sean indispensables.
Las condiciones para desarrollar políticas de convergencia global son exigentes, pero no inviables, y apuntan a opciones que no deben ser descartadas bajo el pretexto de ser políticas de lo imposible. La cuestión no está en tener que optar entre la política de lo posible y la política de lo imposible. Está en saber estar siempre a la izquierda de lo posible.
* Doctor en Sociología del Derecho. El texto corresponde a la “Sexta carta a las izquierdas” del autor. Traducción: Javier Lorca.

HEROE O REPRESOR


HEROE O REPRESOR
* Orlando Gustavo Pascua

En estos buenos tiempos de profundización del debate sobre nuestra historia “oficial” liberal, conservadora, oligárquica y el impulso y conocimiento de esa “otra historia” que en definitiva es “nuestra historia” como pueblo, desmitificar la Causa Malvinas es hoy imprescindible. Las mentiras respecto de Malvinas se inician el mismo 2 de abril de 1982 y la pretensión posterior de determinados sectores belicistas de ser los únicos dueños de la causa malvinera y no permitir investigar o clarificar sobre los diversos acontecimientos en esos meses del conflicto bélico  y al mismo tiempo provocar el inicio de la desmalvinización. Hoy en el marco de la profundización de los Derechos Humanos y Malvinas como Políticas de Estado, que tienen que ver con el pasado reciente de la dictadura cívico militar de genocidio y exclusión social es imperioso recuperar y mantener viva la memoria, en la búsqueda permanente de la verdad y la justicia, reivindicando nuestra soberanía y fortaleciendo la democracia, en este presente de cambio de época de recuperación de soberanía y de integración regional.
La presencia en estos últimos días en Corrientes de referentes nacionales de organizaciones e instituciones relacionadas con los Derechos Humanos y Malvinas como Taty Almeida de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora; Víctor Basterra ex preso político integrante del Consejo Directivo del Instituto Espacio para la Memoria; Pablo Vassel, Director de la Unidad de Derechos Humanos del Consejo de la Magistratura y Ernesto Alonso,  Presidente de la Comisión Nacional de ex Combatientes en Malvinas del Ministerio del Interior acompañando y respaldando la iniciativa legislativa de cambiar la denominación de “Plaza Capitán Giachino”  ubicada en el Barrio Santa Teresita de la Ciudad Capital de Corrientes -nombre impuesto en el año 1982 por la dictadura cívico-militar-  impulsada por el Concejal José Luís Gálvez, a instancias de la Red Compromiso Social por Malvinas, entendiendo que es oportuno a 30 años del conflicto bélico poner en discusión todo lo acontecido -el Bicentenario de la Patria es un buen ejemplo de ello-, que de nada sirve esconder la basura debajo de la alfombra y que el debate sobre Malvinas es imprescindible.
La mayoría de las veces cuando se hace referencia a los 649 -otra mentira- en realidad 632 caídos en el conflicto bélico se los define como héroes. Cabe preguntarse si el hecho de haber fallecido en Malvinas borran hechos y actitudes individuales anteriores. Es el caso de represores y torturadores de los centros de detención clandestinos que participaron en la batalla de Malvinas, y el caso de uno de ellos considerado hoy como el máximo héroe con plazas y calles en el país con su nombre. Según relatos de uno de los detenidos en la ex ESMA, el día en que el personal militar de ese centro de detención estuvo muy triste y  consternado fue el 2 de abril de 1982, porque había muerto “Pablo” en Malvinas -“Pablo” nombre de “guerra” utilizado para los grupos de tareas-. Estamos hablando precisamente del capitán Pedro Giachino.
El Capitán de Fragata Pedro Giachino fue el primer caído el 2 de Abril de 1982, pero eso no lo exculpa de haber participado en la represión, vinculado a grupos de tareas durante la dictadura cívica militar.
En su legajo de conceptos, en las fojas de censo anual, Giachino pide año tras año desde 1970 hacer cursos de contra la subversión y concurrir a la Escuela de las Américas  y  solicita ir en comisión a la ESMA para integrarse al GT3.3.
En el 76 estaba destinado a la 1ra Brigada de IM (Bahía Blanca). En el 77 estaba en el BIM1 como jefe de una Compañía de Tiradores y fue en comisión con su grupo al Área Conjunta 400, una formación del Ejército que operaba en la zona de Zárate-Campana exclusivamente en la lucha contra la subversión. Lo felicitaron por su desempeño. Giachino era un comando anfibio formado en 1970 en CIRA, una compañía de reconocimiento anfibio, un centro de instrucción que funcionaba en combo con la escuela de Infantería del Ejército. Formaban comandos listos para el combate “antisubversivo”.
Un ex subordinado suyo, declaró ante un juez federal de Santiago del Estero que el marino le ordenó matar en 1977 a un detenido encapuchado, esposado y de rodillas, acto al cual se negó.
Giachino junto a Aztiz fueron producto de ese experimento.
Los militares argentinos intentaron reivindicarse con Malvinas y construyeron durante todos estos años falsos iconos como es el caso de Giachino, el Contraalmirante Carlos Busser comandante del “Operativo Rosario” que realiza la recuperación militar el 2 de Abril del 82, hoy con prisión preventiva o el mismo Coronel Mohamed Seineldin que nunca participó en combate alguno. Así como el Gral.  Mario Benjamín Menéndez, Gral. Parada, Gral. Mabragaña y tantos otros Jefes de Unidades Militares en Malvinas, hoy procesados por delitos de lesa humanidad.
No son Héroes, son Represores.

* Trabajador de Prensa - Combatiente de Malvinas
Coordinador Nacional de la Red Compromiso Social por Malvinas
Corrientes, 05/06/12