LAS MUERTES DE LOS BIOCIDAS
Estamos debatiendo en la provincia del
Chaco la modificación de la Ley 3.378, conocida como Ley de Biocidas,
que fuera sancionada en el año 1988, y que con modificaciones y complementaciones
rige la actividad hasta la fecha. Hemos participado durante el pasado año de
dos jornadas públicas donde distintos sectores expresaron sus posiciones a
favor o en contra de la nueva ley propuesta.
Organizaciones sociales, organizaciones de
productores familiares, vecinos de localidades afectadas por las
pulverizaciones e investigadores se manifestaron a favor de una legislación que
tome medidas precautorias para salvaguardar el derecho de la población a vivir
en un medio ambiente sano, sin estar sometidos a pulverizaciones con
agrotóxicos.
Sectores vinculados al actual modelo
productivo dominante, lo hicieron a favor de una legislación mas permisiva con
el uso de los biocidas. Uno de los argumentos más escuchados fue el de que no
existían pruebas científicas para demostrar que los biocidas utilizados en la
actualidad produjeran algún tipo de efecto dañino en la población. Este
fundamento no es novedoso. Quienes defienden el modelo de producción vinculado
en sus orígenes a la revolución verde y más acá en el tiempo a la revolución
biotecnológica se basan para defender sus posturas en la “bibliografía
científica”; si en cambio estas investigaciones son contrarias a sus intereses,
se refieren a la misma como “denuncias”.
Que los plaguicidas causen daño en la salud
no reviste la característica de novedad, cientos de investigadores alrededor
del mundo lo afirman, y no es una cuestión ideológica, es algo que está probado
en ensayos de laboratorio y en investigaciones de campo, ejemplo las que se realizaron
en el área hortícola de Buenos Aires, en el área de producción de soja en
Santiago del Estero, en el área tabacalera misionera, el estudio oficial
de la Comisión de Investigación de Contaminantes del Agua del Chaco, creada durante
la gestión del gobernador Capitanich, con la participación del Ministerio de
Salud local y de la Nación, etc. Conocimiento obtenido
por diferentes estrategias metodológicas: los estudios prospectivos y
retrospectivos, las historias de vida, los estudios epidemiológicos realizados
en las comunidades.
El principio precautorio establece que para
proteger a la sociedad de los efectos de sustancias susceptibles de ser
perjudiciales es necesario un enfoque de precaución que pueda exigir que se
tomen medidas para limitar la aportación de esas sustancias, aun antes de que
se haya establecido
una relación de causa a efecto desde pruebas científicas incontestables.
Lamentablemente, muchas muertes, muchas personas
con graves deficiencias, muchos seres humanos condenados a una “no vida” fueron
necesarios para que se prohibieran muchos biocidas que se lanzaron al mercado,
con singular éxito para la industria agroquímica, para solucionar supuestos
graves problemas. Si
bien los plaguicidas se comercializaron en forma masiva a partir de la segunda
guerra mundial, fue a raíz de su uso a nivel mundial que luego se pudo
evidenciar sus altos riesgos y efectos nocivos en la salud de la población
(dada la cantidad de muertes por intoxicaciones que se venían registrando, además
de otras patologías asociadas a su uso), así como su alta persistencia
ambiental.
Entre
los miles de plaguicidas que se venían usando en la actividad agrícola,
destacaron en forma negativa los más tóxicos, los de extrema peligrosidad, que
a partir de 1985 motivaron el inicio de una campaña mundial impulsada por la
PAN Internacional
contra esos biocidas extremadamente peligrosos, que luego serían conocidos como
la famosa «Docena Sucia».
El Convenio
de Estocolmo fue resultado de un largo proceso de negociación
intergubernamental para lograr un acuerdo internacional y eliminar doce
Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs).
En
1948 Paul Hermann Müller obtuvo
el Premio Nobel por descubrir la gran efectividad del
DDT como veneno por contacto contra varios artrópodos. Catorce años después
comenzaron a exponerse los peligros ecológicos derivados de la utilización del
DDT, llegándose a alegar incluso que acabarían desapareciendo todos los pájaros
del mundo si se seguía usando ese insecticida. A raíz de ello, la Agencia de
Protección Ambiental de los Estados Unidos prohibiría el DDT en 1972.
Hace unos años las autoridades de Alemania
decidieron retirar del mercado dos
plaguicidas de amplio uso en Argentina; el imidacloprid y el fipronil. Dicha
prohibición se basó en investigaciones que indicaban su incidencia en la vida
de las abejas, en este caso provocando alteraciones en el sistema nervioso
hasta producir su muerte.
El 2,4,5 T, el “agente naranja”, fue un producto
utilizado en Vietnam y que en Argentina se utilizó hasta ser prohibido en el
año 1984. Este, junto con el paration y el clordano, fueron prohibidos por su
impacto en la salud.
Muchas
muertes están asociadas a los biocidas. Es tiempo de ponerle un freno y
legislar para la vida. La historia enseña que muchos productos que en su
momento fueron considerados beneficiosos, solo trajeron más muertes y
tragedias. Tienen hoy los legisladores de la provincia del Chaco la oportunidad
de legislar a favor de la vida, legislando en base al principio precautorio,
prohibiendo las pulverizaciones aéreas, prohibiendo la aplicación terrestre dentro de
un radio de dos mil metros a partir del límite de las plantas urbanas,
periurbanas, escuelas, viviendas, centros de salud
rural, cursos y fuentes
de agua, parques y zonas protegidas, etc.; y un segundo
perímetro similar que permita la aplicación exigua de agroquímicos.
Tienen
hoy la oportunidad los legisladores de comenzar un proceso que permita que la
provincia del Chaco sea en un plazo no mayor a diez años, una provincia
productora libre de biocidas. Tienen hoy los legisladores de
la provincia del Chaco la oportunidad de demostrar que están a favor de la
vida, a favor del pueblo, cuidando su salud y el medio ambiente, y no a favor
de los intereses de un sector concentrado de la economía, que solo deja tras de
sí el rastro de la miseria, la contaminación, la enfermedad y la muerte.